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20 de marzo de 2026

Día Mundial de la Salud Bucal

Cada 20 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Salud Bucal, una iniciativa impulsada por la FDI World Dental Federation, organismo que agrupa a más de 200 asociaciones dentales en el mundo. Esta fecha no es simbólica por casualidad: busca visibilizar una realidad incómoda pero persistente—las enfermedades bucales siguen siendo una de las condiciones de salud más prevalentes, prevenibles y, paradójicamente, más desatendidas a nivel global. El lema del año 2026, «Una boca feliz es… una vida feliz» está centrado precisamente en la conexión entre la salud bucal y el bienestar general, refuerza una idea que la evidencia viene sosteniendo hace años: no hay salud sin salud oral (FDI World Dental Federation, 2026).

A nivel global, la magnitud del problema es difícil de ignorar. La Organización Mundial de la Salud estima que cerca de la mitad de la población mundial padece alguna enfermedad bucodental, siendo la caries dental no tratada la condición más frecuente entre todas las enfermedades humanas. Más de 2.000 millones de personas viven con caries en dentición permanente, en un contexto donde factores como el consumo de azúcar –por ejemplo- sumado a  las desigualdades en el acceso a atención siguen impulsando esta carga (Organización Mundial de la Salud, 2022). Lejos de ser un problema aislado, la salud oral se instala como un reflejo de inequidades estructurales que atraviesan países, sistemas de salud y condiciones de vida.

Chile no escapa a esta realidad. Los datos del Ministerio de Salud de Chile muestran que más de la mitad de la población adulta presenta caries, con una prevalencia cercana al 54,6%, mientras que el desdentamiento sigue aumentando con la edad y afectando con mayor fuerza a los grupos socioeconómicos más vulnerables (Ministerio de Salud de Chile, 2017). Pero más allá de los indicadores clínicos, hay una dimensión subjetiva que no puede ser ignorada. Un estudio liderado por el Dr. Duniel Ortuño señala que el 62% de los chilenos percibe su salud bucal como regular, mala o muy mala, lo que habla no solo de enfermedad, sino también de dolor, incomodidad, limitaciones funcionales y afectación en la autoestima (Ortuño et al., 2022).

Aquí es donde la conversación debe ampliarse. La salud oral no se limita a la ausencia de caries o enfermedad periodontal. Es también la capacidad de alimentarse adecuadamente, de comunicarse sin dificultad, de sonreír sin vergüenza. Es, en definitiva, una dimensión clave de la calidad de vida. Y, al mismo tiempo, es un componente inseparable de la salud general. Como ejemplo, la evidencia ha demostrado de manera consistente la asociación entre enfermedades periodontales y patologías crónicas como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares e incluso complicaciones en el embarazo (Petersen & Ogawa, 2012). La boca no es un sistema aislado; es una puerta de entrada al organismo y un indicador sensible del estado de salud global.

Sin embargo, el modelo de atención sigue siendo, en gran medida, reactivo. Se interviene cuando el daño ya está instalado, cuando el dolor aparece, cuando la pérdida dentaria es inevitable. A pesar de los avances en políticas públicas, persisten barreras de acceso, desigualdades territoriales y una cultura sanitaria que continúa relegando la salud oral a un segundo plano. La prevención, aunque ampliamente promovida en el discurso, aún no logra consolidarse como eje estructural del sistema.

Pero no basta con atender más; es imprescindible atender mejor. Esto implica avanzar hacia modelos integrados, centrados en las personas, con continuidad del cuidado y con un enfoque que aborde los determinantes sociales de la salud. En esta línea, la Sociedad Chilena de Calidad Asistencial –SOCCAS- ha enfatizado la necesidad de incorporar estándares de calidad que no solo midan prestaciones, sino también resultados en salud y experiencia del paciente.

En este contexto, el Día Mundial de la Salud Bucal se convierte en una oportunidad para incomodarnos, para cuestionar lo que hemos normalizado y para abrir una reflexión más profunda. ¿Por qué seguimos considerando la pérdida de dientes como parte inevitable del envejecimiento? ¿Por qué la salud oral continúa siendo percibida como un gasto individual y no como una inversión en salud pública? ¿Qué estamos haciendo, como sistema y como sociedad, para reducir las brechas que afectan a quienes más lo necesitan?

La salud bucal no debería ser un privilegio ni una preocupación tardía. Es un derecho y una responsabilidad compartida. Y quizás el mayor desafío que tenemos por delante no es técnico  o financiero, sino cultural. Entender, de una vez por todas, que una boca sana es parte esencial de una vida plena. Porque cuando una persona recupera su salud bucal, no solo mejora un indicador clínico: mejora su alimentación, su seguridad, su interacción social y, en muchos casos, su dignidad.

Dr. Gonzalo Herrera Oñate

Cirujano Dentista, Esp. Rehabilitación Oral.

Pdte. Comité Odontológico SOCCAS